domingo, 7 de febrero de 2021

SANTCHEST Y NAVE JUNGLA - en vivo en el Salón Eibl




Me parecía súper importante hacer una reseña de lo sucedido el sábado en el Salón Eibl, para aportar desde este pequeño espacio una voz más, para que quede en claro y de una vez por todas la importancia de la cultura en un pueblo, la necesidad que tenemos de encontrarnos con la música, con el arte en general, y sobre todo, de entender que el trabajador cultural también es un trabajador.
Es que, esperen, hay una larga historia detrás de lo de anoche. Una historia que, me consta, se ha repetido en la mayoría de los pueblos y ciudades de la Provincia; una pandemia y una cuarentena que nadie esperaba, y llegó y arrasó con todo, y sí, cambió las reglas de juego de todo. De todo. Todos los rubros se vieron afectados, todos perdieron dinero salvo los políticos (ay, no, no tenía que decirlo). Pero ocurre que la mayoría de los rubros comenzaron, de a poco y con los recaudos y protocolos necesarios, a volver al trabajo, a poder recuperarse económicamente, excepto el sector cultural; los más ninguneados de siempre, volvieron a ser los ninguneados de siempre.  

El Eldorado hicieron falta marchas y manifestaciones para lograr ser escuchados. Un trabajo muy jugado de todo el colectivo cultural, marchando bajo la lluvia para poder hacer oír su voz. Por eso lo de anoche se vivió como un festejo y una victoria también; poder regresar a los escenarios, volver a hacerse oír. Después de casi un año sin shows en vivo, este fin de semana ¡por fin!! volvió la música. Esperemos que sea más fuertes que antes. Que las promesas se cumplan.


Pasemos a lo nuestro. El evento estaba programado para las 20:00 hs pero el grupo de títeres que abriría la jornada tuvo que ser dado de baja porque uno de los titiriteros superaba los 60 años y quedaba fuera de lo que permitía el protocolo. Se reprogramó para las 21:00 hs y ahora sí, comenzó puntualmente, algo de lo más positivo que dejó el nuevo modus operandi. Al ingresar se tomaba la temperatura de cada uno de los espectadores, que no podían superar los 35. Adentro, la gente se disponía en pequeños grupitos de dos o tres personas, evitando los amontonamientos, pero se notaba la predisposición en el público a colaborar para que todo saliera de la mejor manera posible. 
Así, apenas unos minutos después de las 21:00 hs, subían al escenario los Santchest, que la noche anterior habían tenido el privilegio de inaugurar oficialmente la temporada de rock postcuarentena, en un recital de Helldorado en el Club Social. 


Santchest es un grupo que ya viene tocando desde hace varios años en la escena local, pero esta vez incorporaron un nuevo integrante. A Santa Abilgaard (viola) y Chester Bertolo (guitarra y voz), se les suma en contrabajo Matías Fernández, que aporta un nuevo sonido a la banda. Entre viejos clásicos del country, fueron intercalando temas propios, muy buenas composiciones que pudieron plasmaren un EP que puede escucharse en Spotify.
La sorpresa llegó sobre el final, como último bis (me da la impresión que no pensaban tocarla); presentaron un tema propio nuevo, una canción que, como presentó Chester, habla de Eldorado.


Luego fue el turno de Nave Jungla. No se hicieron esperar demasiado, tras un corto intervalo subieron y anunciaron que probarían sonido, pero siguieron de largo y arrancaron directamente con el show. Lo de ellos es el funk y el soul y lo hacen muy bien. 
El de anoche fue su debut (al menos, con esta formación) y lo hicieron realmente muy bien; la nota más destacada es su cantante, Oriana Zacarías, que a su corta edad tuvo un gran desempeño y con covers en su gran mayoría en inglés. Pero el resto del grupo no se queda atrás; Cristian Osella en guitarra, Ignacio Gutiérrez en teclados, Martín Sandoval en batería y Matías Fernádez en bajo (contrabajo en un tema). 
El show terminó temprano, antes de las 23:30. La sensación final es de desahogo; al final de tanta lucha, por fin, el arte sale a la calle de nuevo. Queda en la gente no desaprovecharlo, seguir apoyando, seguir acompañando. Que vuelva, pero más fuerte que nunca.