jueves, 2 de junio de 2016

RECUERDOS DEL POSADAS MUTANTE 2, o de cómo se me voló la cabeza con el Rock de Misiones

Esto tiene que haber sido entre fines de 2001 y comienzos de 2002. Una época dura, mucho caos a nivel económico (no me acuerdo si fue antes o después del helicóptero, pero había como una sensación de mucho conflicto, mucha cana en la calle). Yo estaba como siempre sin un mango, pero había leído en el diario, seguramente en el Metalzine de Toto Armoa, que en Apóstoles había un gran encuentro metalero. Iba a estar Asesino Violeta de Buenos Aires, y Polo's Rock, a quienes yo había visto en Eldorado y me habían volado la cabeza, estaba muy fanatizado por Polo, guitarrista enorme que en ese momento tocaba con sus hijos que eran gigantescos músicos también. En ese recital que vi en Eldorado (en el Galpón 10), a Polo se le soltó una cuerda en mitad de un tema. Se fue tras bastidores y cambió la cuerda, le habrá llevado 10 ó 15 minutos; durante todo ese tiempo, sus hijos no dejaron de tocar, zapando sobre la misma base del tema, con solo de bajo y solo de batería con revoleo de baquetas al aire incluído, y cuando Polo terminó de cambiar su cuerda, volvió al escenario y terminaron el tema como si nada hubiese pasado. Apoteósico, impresionante, nunca volví a ver algo así. 
Bueno, el caso es que estaba Asesino Violeta, Polo's Rock y como diez bandas más que ya no recuerdo. Como yo no tenía un peso, decidí irme a dedo. Mi viejo me dijo que estaba empedo, que nadie me iba a llevar, pero yo tenía 21 años y me fui igual. Total, me paraba un rato en la ruta, a las nueve de la mañana, y pedía ir hasta Posadas. Menos que eso, no. Si alguien me llevaba, bien, y si no, me volvía y chau. Pero si llegaba a Posadas, de ahí a Apóstoles era pan comido, pensaba. Así que me acomodé en la rotonda del Km 6, en ese tiempo todavía no existía el puente, era la rotonda nomás. 

No habré estado más de veinte minutos, cuando paró como a cincuenta metros un auto. Paró tan lejos que dudaba si era para mí que paró, así que me fui acercando despacio. Cuando llegué al auto, el viejo que manejaba bajó el vidrio un par de centímetros, y por la rendijita que quedó me preguntó a dónde iba. Yo me sentía como Julia Roberts en Mujer Bonita, agachado sobre el auto, y medio que me estaba arrepintiendo, y el viejo me hacía como quinientas preguntas. De dónde sos, adónde vas, de qué familia sos, qué vas a hacer a Posadas, qué sé yo qué más. Al final destrabó la puerta del acompañante y me dijo "Bueno, Vamos". Subí y el viejo me empezó a explicar que me hizo todas esas preguntas para darse una idea de quién era yo. Que en esos tiempos no daba para subir a cualquiera al auto. Que qué tal si yo era un malandra y en cualquier momento le pegaba un golpe y le robaba el auto. Que los autos ahora traían un sistema de rastreo, pero que si el ladrón era hábil ese sistema se podía burlar. Que para sacar un auto robado de la provincia se usaba tal o cual método, que en Córdoba se pagaba tanto por un auto entero, y tanto por un auto desguazado. Que la mejor forma de desguazar un auto era... El tema es que el viejo me fue hablando así hasta Capioví más o menos, al final el tipo era una especie de eminencia del choreo, se las sabía todas y yo me empecé a cagar en las patas. Pero en fin, llegué a Posadas antes del mediodía, le pedí que me deje en la Garita para poder irme desde ahí a Apóstoles.

Pero era demasiado temprano para irme a Apóstoles, y yo no conocía demasiado Posadas. Decidí gastarme un poquito de los 18 pesos que llevaba en un bondi hasta el centro, creo que estaba 80 centavos el boleto. Como todo buen pajuerano, me fui al centro-centro, a la Plaza 9 de Julio, porque pajuerano que se precie tiene que ir a la Plaza. Si había una fuente seguramente me lavé las patas ahí, porque eso es lo que hacemos los pajueranos.

Y TUVE UNA REVELACIÓN.

En la vidriera de un negocio había un cartel. POSADAS MUTANTE 2. Miré la fecha y era esa misma noche; cuando vi las bandas que iban a estar casi me caigo de culo. Neto y Kuria Muria eran dos bandas que venían pisando muy fuerte, no las había escuchado pero había leído un artículo en el diario en que hablaban de Surfeando Nubes, que era como un proyecto paralelo en conjunto entre las dos bandas, y  estaban Los Pie. Yo era súper fanático de Los Pie, mi amigo Omar Hinc tenía un cassette con La Gente Qué Sabe, que junto a Arriba Las Manos de Las Manos de Filippi los recontra gastábamos en el pasacassette de su camioneta, pasábamos horas hablando, tomando cerveza y escuchando esos discos, una vez nos tomamos ocho cervezas entre Omar, su novia Sandra (hoy esposa) y yo. Y después me fui a mi casa en bicicleta. Hoy no lo podría hacer ni después de una sola. Pero volvamos, yo era muy fan de Los Pie aunque nunca los había visto, así que automáticamente cambié de plan y decidí quedarme en Posadas.

Era mediodía, sacrifiqué unos pesitos más y compré pan y fiambre. El lugar en que se hacía el Posadas Mutante era la Ex Estación de Trenes, así pregunté más o menos y empecé a enfilar despacito hacia el lugar. Ni había dejado la plaza todavía que paró un patrullero al lado mío y se bajan los canas. Me empezaron a apurar, que quién era yo, de donde venía, adónde iba, en un momento se iba tornando muy denso el asunto. Les dije que quería ir a la Ex Estación que se hacía un festival de rock, uno de ellos aflojó, mientras el otro seguía más pesado cada vez. Empezaron a hacerme la del poli bueno-poli malo, y el poli bueno me preguntaba "y quién toca?" "bandas de acá, Neto, Los Pie", les decía yo. "¿Y Catorce Bis no toca?" me preguntó el poli bueno, algo que me descolocó porque a Catorce Bis yo los conocía, pero eran de Esperanza. Al final me dejaron en paz, no sin antes hacerme sacar todo lo que llevaba en la mochila.
No recuerdo exactamente si era muy lejos o no, pero sí que fui caminando. Total, tenía toda la tarde por delante. Obviamente cuando llegué todavía no había nadie, unos pibes en skate nomás, pero de a poco comenzaron a llegar los músicos a probar sonido y todo eso. Como yo ya tenía mi programa de radio, los encaré a Dani González y a Osvaldo que estaban en las consolas tejemanejeando todo, y les pedí si tenían el disco de Los Pie para pasarlo en la radio. Osvaldo me dijo que no tenían más copias, pero si yo conseguía un CD virgen me lo grababa. Así que me fui hasta la Placita Paraguaya (si mal no recuerdo estaba medio cerca, yo sigo sin entender mucho la geografía posadeña) y compré unos pares de CDs vírgenes por si las moscas.
Así que Osvaldo después me trajo el CD grabado, pero con el librito de tapa original. De a poco se iba juntando gente, y comencé a notar algo que para mí era muy raro, en Eldorado y en Brasil donde viví un tiempo nunca lo había visto así; el público tenía una participación muy grande en todo el show. Afuera habían unos chicos haciendo demostraciones con el Skate, habían chicas que hacían acrobacias sobre unas telas que colgaban del techo, otros más pintaban unos cartelones tipo murales, otros ayudaban a decorar el escenario. Habán ferias de fanzines, de todo. Recuerdo el flash de las letras en papel plateado, colgadas brillando con la luz de la luna. A mí me dieron un pincel y ayudé a pintar, hacíamos una cosa medio con la técnica de collage también. A mí me resultaba alucinante porque estaba acostumbrado a los recitales tipo, "bueno, soy el público, divertime". 



Pero si todo lo previo me había gustado, cuando empezó el espectáculo en sí me terminó de volar la cabeza. En Eldorado en esa época las bandas eran de Rock and Roll o de Metal. Nada más. Había todo un universo de música nueva, que no se escuchaba en la radio y que muy difícilmente consiguieras, que venía sonando en algún que otro cassette que traía alguien. Y de pronto estaba ahí, en un lugar copadísimo, con el escenario montado sobre un vagón del tren, con los muñecos de Kossa Nostra que te espiaban desde un cuartito en la Estación, y empezaban a sonar bandas como Phicus, como Elfos. Todavía no había oscurecido cuando largaron las primeras bandas, y la gente se sentaba en el suelo del andén para recibir la andanada de furia que descargaban esas bandas, tan Hardcore, tan lejos de lo que yo conocía en vivo.
Me acuerdo la potencia de Purpura en vivo, con el cantante con la cabeza tapada con la capucha del abrigo, retorciéndose y escupiendo canciones de una fuerza y velocidad inusitadas. Todavía conservo el demo que me regalaron ese día, que estaban trabajando en lo que sería su disco.
Después subió Kuria Muria. Oleadas de oscuridad, música de una densidad que te dejaba tieso como un venado encandilado, una banda que todavía me cuesta definir, que todavía no le encuentro parecido a nada, que si tuviera una disquería tendría que inventarle una batea que diga "Música tipo Kuria Muria" en la cual sólo estaría ese disco. 
Después, esa gran máquina de funk que era Los Pie me voló la cabeza, porque no era sólo lo musical, que por supuesto era terriblemente sólida, sino también la actitud sobre el escenario, la intervención de ese enorme personaje que era Oscar Samaniego con su víbora de goma, contando chistes, haciendo sus monólogos... Y esa enorme versión de Should I Stay or Should I Go. La intervención de Espiral, que más que un grupo era como adentrarte en un ritual pagano.
El violín del cacique Geniolito, que si no recuerdo mal tocó como invitado de Los Pie o de Neto, y también mostró la música autóctona junto a otros paisanos... Era algo alucinante porque habían muchos grupos a nivel nacional que usaban a los indígenas como bandera pero capaz que si se les cruzaba un indio vendiendo canastos los escupían, qué sé yo... pero esto era muy real, no era hablar de los aborígenes para quedar buenitos y políticamente correctos, era asumir su influencia en nuestra región, era darles un espacio real y concreto.
Y Neto. Neto que rompía todos los moldes, mezclando todo, el hardcore con el reggae, el guaraní con el portugués, mostrando una visión de qué significa vivir en esta zona de frontera, SU visión por supuesto, pero era un planteo que te movía, te hacía preguntarte a vos qué significa para vos ser misionero, vivir en una zona que quiere ser ciudad, que vive mirando hacia Buenos Aires, pero no puede ocultar su origen mezcla de Brasil y Paraguay. Tengo la imagen de Gino con los pantalones a media asta sentado a la batería, Guapo en cueros con el torso lleno de tatuajes que daba miedo, pero después te acercabas a charlar y es un tipo re macanudo, Kike Moraiz advirtiendo al público que tengan cuidado la policía, que "se llevaron a Monito, quedémonos todos juntos que si estamos juntos no nos pueden llevar". Me acuerdo de los pibes que hacían malabarismos mientras la banda tocaba, los lanzafuegos, el público que gritaba ¡A-GI-TE!!! ¡A-GI-TE!!! entre tema y tema y se armaba un descontrol bárbaro... Neto era mucho más que su música, era como una fuerza vital que arrasaba con todo, que se te metía en la cabeza, pero además sin ningún artificio, estaba todo ahí, natural... tocaban un tema de Planet Hemp y a la mitad Kike decía "Bueno, hasta ahí nomás, porque no me acuerdo el resto de la letra"...

Obviamente hay cosas que no recuerdo del todo, pasaron 15 años, probablemente el orden en que subieron las bandas está mal, con Phicus y Elfos me pierdo un poco porque sé que a una la vi ahí y a la otra en el Gimnasio de la UNaM unos meses después, y no sé a cual vi en qué lugar; pero lo que quiero contar tiene que ver con lo que me hizo sentir esa experiencia. Que la vivieron muchísimos, pero a cada cual le pegará de una manera distinta, seguramente para muchos era algo normal, común y corriente, pero a mi me cambió la vida. Me hizo entender un montón de cosas, me llevó a plantearme otro montón de cosas, para mí fue un antes y un después. Me hizo darme cuenta que el Rock de Misiones tenía mucha riqueza y era muy interesante, yo iba a ver bandas grandes de nivel nacional y era como muy careta todo, veía por ejemplo a la Bersuit, y el pelado durante Sr Cobranza se ponía re loco, le volaba la saliva de furia, y terminaba el tema y se iba al costadito a buscar su botellita de agua y estaba re normal, tranquilito, era sólo una actuación, como todo muy armado... Pero las bandas de acá eran genuinas, sin artificios, y te hablaban en tu mismo lenguaje de cosas que conocías. Y antes de tocar o después de tocar te acercabas y se tomaban una birra con vos, todo bien, podías hablar de todo, impensable con los grandes grupos que venían de Buenos Aires y te enrostraban su chapa. Y además, musicalmente, no tenían nada que envidiarle a nadie. Ahí me terminé de convencer que el rock de Misiones tiene muchísimo para dar, y desde mi programa de radio desde entonces empecé a difundir a muchas bandas de la Provincia. 

Toda la parrafada anterior hubiese sido una hermosa forma de cerrar este cuentito. Pero aguanten un poco más, me falta contarles del episodio en que me fui a un costadito medio con carpa para prepararme un sánguche con el pan y el fiambre que me había quedado, y me rodearon cuatro milicos para ver qué estaba armando. Les mostré que era sólo un sánguche pensando que iba a estar todo bien... craso error, los muy lauchas me lo incautaron y me tuve que cagar de hambre.